La Casa y sus Cimientos

Esta noche me encuentro dispuesta a acostarme, desde mi cuarto siento el ruido que hace afuera la fuerte lluvia; mi corazón se encuentra en calma, después de una terrible tormenta interior.

Depronto, el Espíritu de Dios habla a mi corazón y me lleva a pensar:  cómo puede Dios hablarme en medio de la tempestad?, por qué el fuerte viento y las olas de la vida, muchas veces no dejan oir Su Voz en el corazón?; y se me viene a la mente la parábola de aquel hombre que construyó su casa sobre la roca “cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.” (Mt7,25).

Afuera llovía muy fuerte, sin embargo, escuchaba la Voz de Dios y se me ocurrió comparar mi alma con esa casa fuerte, así como la de la parábola, no se derrumba y puede escuchar la Voz de Dios en medio de la tempestad porque el corazón está firme en Dios y cimentado en la Fe, que se convierte en la roca firme.

Si esta casa (que es mi alma), tiene unas buenas bases -que se construyen con los dones del Espíritu Santo, la Fe, la Esperanza, el Amor y la Certeza que Dios está actuando en mi vida-, esta funciona normalmente y aun bajo la tormenta y la tempestad, se puede escuchar la Voz de Dios.

Cuando esta casa interior, no tiene unos buenos cimientos que la sostengan, las aguas y las tormentas se pueden entrarse y desmoronarla, lo que se compara a un alma vacía, una vida sin sentido y sin un norte claro “cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»” (Mt 11, 27), desaparece la Voz de Dios.

Pero, cómo podemos lograr que nuestra casa interior tenga unos buenos cimientos? Y más aún, será posible volver a construir una casa que ya ha sido devastada, arruinada y acabada por la tempestad?.

Escucho de nuevo esa  suave Voz interior que me recuerda unos salva-almas llamados Sacramentos; dentro de ellos, uno muy especial llamado Confesión. Por medio de este, nuestra alma agrietada que solo ha quedado con la fe y la Esperanza débiles, se fortalece con  el perdón de Dios, el Amor y con los dones del Espíritu Santo.

Este sacramento junto con los demás, llena mi vida de sentido y de una fuerza interior tal, que me permiten volver a construir aunque hayan ruinas y vea solo oscuridad y desolación; también me permitirá estar firme cuando soplen los fuertes vientos y la lluvia golpee con fuerza.

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